miércoles, 23 de abril de 2008

Mundo y expresión: enredado de ideas

Un mundo nos vigila, y no es el genio maligno; es este mundo el que nos vigila, nos señala, y nos posibilita. De éste modo, también podría ofrecernos una determinación, este mundo nos determina la posibilidad desde su facticidad; el mundo siempre está dado y, por lo tanto, también sus entidades mundanas. Sin embargo, el mundo nunca será un cosmos consumado.

Somos hombres natales, como diría Peter Sloterdijk. Del cual añadiría: ¿de quién? No sólo de nuestros padres, sino del mundo; y que de éste es de donde obtenemos el nacer verdadero, porque al otorgarnos la posibilidad nos permite ser hombres natales antes del nacimiento. De ahí que por el mundo siempre seamos antes de estar, porque sólo así la posibilidad se nos desarrolla como potencialidades.

Es el mundo señalador quien rompe con la subjetividad. Si coincidimos con la idea de que el mundo señala con las entidades mundanas y, a través de éstas, otorga conciencia a los sujetos, éstos se disuelven en una Unidad con el Mundo, a pesar de los diversos fenómenos de conciencia. ¿Acaso no es ésta la figura de una auténtica expresión surgida de una reacción mundana?, ¿Acaso no es importante rescatar una metafísica de la expresión, siguiendo a Eduardo Nicol? Es de advertirse que aquellos fenómenos de conciencia de los que escribo no son comparables con los de la fenomenología de Husserl, que, por seguir la tradición cartesiana, no pretenden superar la relación sujeto/objeto. Es más bien en todo caso, un problema de interpretación de los fenómenos de conciencia, pero tal interacción ilusoria entre el dualismo sujeto/objeto estaría superada al considerar un Mundo y no una intersubjetividad (Husserl). No obstante, la experiencia estética al ver un cielo que se difumina, como cayéndose, por una lluvia en el poniente, no es meramente una ilusión; como bien se sabe, es un acontecimiento del tipo deleuziano que, por ser tal, no refiere a una relación entre el sujeto y el objeto, sino más bien a un devenir-cielo que desfigura toda relación sujeto/objeto.

Asimismo, el mundo señalador es siempre previo a un "logos purificado" (Nicol) como lo es la lógica formal, que por pura no tiene ninguna expresión hacia el mundo, y que es trascendente a éste. Es la lógica formal quien pretende ocupar el lugar del mundo señalador, y parece ser que las palabras o signos que tienen sentido y referencia logran tal empresa. Habrá mucho que pensar acerca de la expresión en filosofía, de momento, concluyo con una consideración de Gilles Deleuze y Félix Guattari en su libro de ¿Qué es la filosofía? cuando dicen:

El concepto no constituye en modo alguno una proposición, no es proposicional, y la proposición nunca es una intensión. Las proposiciones se definen por su referencia, y la referencia no tiene nada que ver con el Acontecimiento, sino con la relación con el estado de cosas o de cuerpos, así como con las condiciones de esta relación.

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