sábado, 28 de junio de 2008

El Eutifrón y la explosión demográfica

Releyendo el diálogo platónico llamado Eutifrón, e intentando hacer inferencias de mi propia elaboración, es decir, originales, hacía comparaciones con sucesos de mi vida. Un poco llegando a lo incomodable, me sentí parte de una verdadera desdicha. Aún sin saber qué cosas eran justas o pías, no dejaba de pensar y creer por verdadero la injusticia que involuntariamente cometí.

En el diálogo de Critón, Sócrates intenta demostrarle a Critón, más retóricamente que filosóficamente, la necesidad de no huir de su condena por degenerar a los jóvenes. Si por las leyes había sido posible el matrimonio de los padres de Sócrates, asimismo había sido el nacimiento de éste. De tal modo, que violar las leyes sería una contradicción, por lo menos, con la natalidad. El Eutifrón, así como muchos diálogos platónicos, es aporético. No existe, quizás por suerte, una definición de la justicia y la piedad; sólo indicios y suposiciones acerca del cómo actuar ante ciertas circunstancias. Algunos recurren a pasajes bíblicos, otros son indiferentes porque obran buscando fines idiotas, y otros formulan el término medio para las acciones virtuosas.

Sin embargo, actualmente llegamos a la cifra de 6, 673, 578, 182 en población mundial, siendo que se ha calculado que en el año 1 DC teníamos sólo la cantidad de 200, 000, 000, y que en el año 2043 habrá alrededor de 9 mil millones de personas. Lo único que puedo preguntar acerca de éstas cifras inconcebibles es: cuánta materia fecal habrá en el planeta y cuánto alimento se necesitará para alimentar a toda la población, si es que ésta última está dentro de las pretensiones humanas.

Si pudieramos dialogar con Sócrates acerca de estos problemas demográficos, geográficos, y alimenticios, no dudariamos en plantearle infinidad de injusticias que se están cometiendo. ¿No al nacer cometemos la mayor injusticia, dando comienzo a la peor de las tragedias? Al parecer estamos contribuyendo al cáncer de la explosión demográfica, y lo único que podríamos hacer por la justicia sería morir muy pronto.

Nuestra refutación sería irrefutable, porque el nacer es una consecuencia de las leyes que siempre dictaminan con justicia, pero si al nacer estamos cometiendo una injusticia con la explosión demográfica, luego las leyes no son tan justas como parecía. Y con un poco de piedad le diríamos a Sócrates:

¡Ea! Apresúrate antes de que te atrapen, tú no mereces morir, porque si las leyes han sido injustas contigo al darte nacimiento, tu no deberías tener la impureza al hacer de esa injusticia una cosa justa. Si tú eres justo, claramente lo afirmamos, no deberías ser cómplice de esa injusticia, así como Eutifrón no lo fue al acusar a su padre de homicidio. Lo más justo que tú puedes hacer sería irte a otra colonia, a iniciar a los jóvenes en filosofía.

Quizás Sócrates no hubiera podido efectuar un contraargumento, y hubiera aceptado la oferta quizás mal modoso. Convirtiéndose así en la figura de una perfecta tragedia griega. Tal vez por eso Sócrates le hubiera simpatizado más a Nietzsche, pero eso no lo sabemos. Sin llegar más a anacronismos, lo seguro es que por la explosión demográfica sería más difícil encontrar una definición de las cosas justas y pías. ¡Son demasiadas cosas injustas tan sólo en éste problema!

Al lector, la última consideración.