sábado, 1 de noviembre de 2008

Reflexiones sobre el comenzar

Un comenzar es siempre una liberación, con esto quiero decir que un verdadero inicio lleva consigo una "actividad política". Asimismo, todos podemos compadecer que el comenzar es dirigirse hacia el origen, sin embargo a éste no se llega mediante una linealidad o direccionalidad fija, de ahí que el comenzar tenga un movimiento dinámico. El origen no se encuentra necesariamente en el principio, pues un verdadero comenzar deviene hacia el "futuro"; un origen verdadero es, pues, ausente, y se llega a él con la ausencia. El origen no sólo adviene en la presencia que suscita el arrojo en el mundo, al contrario también deviene en la ausencia de mundos posibles. El origen es también la "fuente" donde se crea y recrea la metáfora quebrantadora de lo real. Con todo esto cabe preguntarse: ¿se puede mostrar que lo ideal es solidario con una inmanencia y lo real con una trascendencia?

El origen es inmanencia, al parecer todos coincidimos con ello. Le pertenece a los poetas cuando consiguen la originalidad de su arte. Es así como de lo cotidiano, de lo monótono, de lo repetitivo, surge el deseo de libertad poética que consagra y diferencia lo efímero y evanescente. No obstante, el origen es también trascendencia, pero éste por ser superficial no compadece con un comenzar genuino. Encontramos nuestro origen en las estructuras, en nuestros arquetipos, fantasmas, y complejos infantiles. Cuando pensamos en nuestros orígenes trascendentes, nos sometemos muchas veces con sumisión a nuestra determinación, a veces dolorosa y otras veces dichosa.

El origen es, por tanto, dinámico, porque se encuentra en tensión. De ahí que haya orígenes superficiales y orígenes profundos; la intensidad original nos sugiere la unidad entre la presencia y la ausencia, entre lo que aparece y lo que desaparece. Sólo el origen deviene si este ya ha advenido, si se encuentra presente de manera efímera. En efecto, como dice Peter Sloterdijk muy acertadamente: sólo es posible el comienzo si ya se ha comenzado.

Somos alegremente hombres dialógicos tanto interna como externamente. En nosotros se encuentra el Origen, en nosotros las intensidades son dinámicas, pues somos tanto libres como sumisos. Un sujeto agente no logra, aunque se esfuerce, ver fronteras porque es una unidad; un buen estudio sobre el ser del hombre debe apuntar hacia la totalidad de sus modos y a la complejidad de sus experiencias. Un comenzar desde el origen requiere una dinámica indeterminada, porque sólo del parto realizado puede emerger la libertad de un parto idealizado. Ciertamente, el recuerdo fotográfico de una imagen sin movimiento nos invita a crear una salida liberándonos. Para finalizar, es importante señalar que un comenzar verdadero no parte de resistencias, según el psicoanálisis, sino de deseos imperiosos; de este modo el devenir no consiste en un actuar que se resista a recordar lo reprimido situándose en el mismo plano de la determinación, si bien las salidas surgen de determinaciones, lo que hacen es quebrar el recuerdo situándose verdaderamente en otro plano.