lunes, 27 de abril de 2009

La necesidad de pensar la Historia no como ciencia

Por Marco Antonio Godínez Bustos

Estas reflexiones fueron hechas a raíz de una discusión algo profunda con una historiadora. Espero que sirva para la reflexión del lector y para aquéllos que produjeron la controversia. De este modo nos serviremos para alentar y provocar la profundidad de los temas que a diario se tratan. Esa es mi esperanza. Escribir es asumir el riesgo no sólo de ser o no ser leído, sino también de provocar repercusiones o perpetuidad del silencio.

¿Por qué un hecho histórico lo es por su relevancia? El tiempo histórico, cualquiera que se piense (ya sea circular, lineal, dialéctico, etc.), tiene un retraso con respecto al instante y a la simultaneidad, es decir, con el tiempo vivido; lo tiene porque el discurso científico desacelera su pertenencia a lo inmediato. Quizás otros discursos compadezcan con la inmediatez de lo que refieren, pero no lo es en el caso de una pretendida ciencia que valide hechos históricos, mediante criterios de relevancia o significatividad (¿sobre qué base se encuentran éstos?), puesto que un hecho no es histórico por su instantaneidad sino que tiene que pasar previamente por aparatos de control que constaten su impacto. Lo efímero o la contingencia de los sucesos no tendrían lugar en el estudio histórico, al menos ésta sería una de las consecuencias.

Lo paradójico es lo siguiente. Si coincidimos que la vida es siempre presente (si es que podemos hablar de éste tiempo con plenitud), es decir, continuos instantes (indivisibles por ser el tiempo una totalidad), ¿cómo se puede hablar de una relación directa, casi pensada inmediata, entre la vida y la Historia? Uno de los primeros intentos es la afirmación de que el hombre es un ser histórico, sin embargo, ¿"histórico" en tanto objeto de estudio histórico o en tanto ser que vive la historia? Si se vive la historia, al menos así me parece, tendría que ser la Historia menos científica dentro de un sujeto agente o concreto, es decir, ser algo que compadezca con la inmediatez, y que violente los aparatos de control y la vigilancia epistemológica de los hechos históricos relevantes. De tal forma que se pueda decir que en un instante la historia se vivió no como ciencia sino como porvenir, es decir, como acontecimiento.

Quizás de aquí venga la importancia del narrador de historias, del rechazado logógrafo que fue supuestamente superado por una clase de historiadores más serios (como sucedió con la Alquimia y su "superación" con la Química, muchos consideran que la Alquimia es una ciencia con la misma validez aunque con diferentes objetivos y visiones). Podría ser esta la posibilidad de hablar sobre las historias noveladas o historias en prosa que tanto repudia el rigor de la ciencia histórica.

Es imposible delimitar los bordes de la ciencia y tachar lo que no le pertenece, aunque Karl Popper sostenga lo contrario sin vacile, y si lo intentamos lo único que obtendremos será una vigilancia más radicalizada por el método científico. Me parece que la Historia, en tanto ciencia o disciplina, tendría que reconocer que se ubica fuera de los supuestos límites que la contienen, y considerar una pertenencia casi necesaria con los estudios estéticos. Sólo de esta forma podría pensarse la historia como modo de vida, es decir, como un discurso que no mediatiza el acontecimiento, como un discurso que se mueve fuera de la representación del lenguaje significativo (Ludwig Wittgenstein).

No hay comentarios: