martes, 6 de julio de 2010

Música electrónica

Hay mucha gente que no le agrada la música electrónica por ser falsa y porque no hay en ella ninguna posibilidad de acceder a lo inmediato. En ella se encontraría una mímesis insalvable, como se dice: representación de representación. No es tan diferente de lo que ha señalado Jacques Derrida con la exclusión de la escritura, entendida como significante de significante, es decir, como representación que se encuentra en un segundo plano con respecto a la voz o al habla que tiene una relación casi directa con la realidad. Así pues, se ha mostrado con Derrida que lo inmediato y la presencia en general, vendría a ser lo que la metafísica ha intentado conseguir, incluyendo sus críticos más obstinados que han pretendido negarla y superarla. Si bien no es confiable decir que la música electrónica sufra la misma exclusión que se ha ejercido sobre la escritura, sí podemos afirmar que forma parte de fantasmas y simulacros, aunque distintos, con los que la escritura se ha desarrollado. La música electrónica se constituye en la falsedad, es decir, en la diferencia, ya no más en la imposible y nostálgica inmediatez, sino en el acontecimiento siempre errante.

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